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Cien años de los Veinte poemas de amor de Neruda

Hay obras que marcan a sus autores y los hacen alcanzar el lugar que les corresponde dentro de su especialidad. Libros relacionados con la literatura o el pensamiento, piezas musicales, cuadros, tratados o descubrimientos científicos, obras arquitectónicas o cualquier tipo de expresión artística son muestras de este tipo de obras que encumbran a sus autores al idear estas obras maestras.
Aunque las referencias que tengamos de Pablo Neruda lo sitúen más cercano en el tiempo, una de sus primeras obras cumple los cien años de su publicación en 2024. Se trata de su segunda obra editada, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, una poemario que salió a la luz cuando el poeta contaba con apenas diecinueve años de edad.
Su publicación hizo que su obra comenzara a ser conocida, que le abriera las puertas a nuevas publicaciones y que el nombre de Neruda entrara a formar parte de los grandes escritores iberoamericanos del siglo XX.
Te propongo acercarte a una obra que cumple cien años desde su publicación en 1924, los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Nos acompañan algunos de sus poemas y músicas inspiradas en ellos con Paco Ibáñez, Dimas y Ramón Ayala. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Nacido en julio de 1904 en Parral (Chile) como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, publicó sus primeros poemas sueltos como Ricardo Reyes, hasta que adoptó el pseudónimo de Pablo Neruda, que convirtió finalmente en su nombre legal.
Hijo de una humilde familia, su madre, maestra, murió de tuberculosis a los pocos meses de su nacimiento y su padre, ferroviario, volvió a casarse más adelante.
Neruda está considerado uno de los más grandes escritores del pasado siglo, con una vida en la que alternó su obra como poeta y escritor con su trabajo diplomático como embajador en distintos lugares, como Singapur, Java, México, Buenos Aires, Madrid o París, además de mostrar su activismo político en favor de las políticas de izquierda, llegando a ser precandidato a la presidencia de Chile antes de la elección de Salvador Allende.
Personaje con luces y sombras, recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente», según el comité organizador del galardón.

Nos acompaña una pieza musical relacionada con Neruda en su inspiración, aunque no en ninguna obra suya concreta.
Blas Galindo Dimas fue un profesor de música, compositor y director de orquesta mexicano que compuso en 1948 su obra para orquesta de cuerdas Poema de Neruda, una pieza que se mueve entre la sensibilidad y las emociones que despiertan los poemas del escritor chileno.
La grabación con la que se inicia esta publicación, que puede servir como música de fondo para leerla pertenece al disco México sinfónico y está interpretada por la Orquesta de las Américas bajo la dirección de Benjamín Juárez Echenique y fue editado por la discográfica Urtext en 1998, apenas cinco años después del fallecimiento del compositor.


Tras de participar en diversos concursos florales de poesía y de sacar algunos poemas en diversos periódicos y revistas, publicó su primer libro, Crepusculario en 1923 ya con el nombre con el que lo conocemos.
En esa suerte de memoria que es Para nacer he nacido, el propio escritor explica cómo logró que estos poemas se publicaran:

«En cuanto a mis Veinte poemas de amor, contaré una vez más que fue Eduardo Barros quien lo entregó y recomendó con tal ardor a don Carlos George Nascimiento que éste me llamó para proclamarme poeta publicable con estas sobrias palabras: "Muy bien, publicaremos su obrita".»

Con la distancia que da el paso del tiempo, este libro fue para el escritor «un libro doloroso y pastoril que contiene sus más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur.»
Estos Veinte poemas de amor y una canción desesperada están cargados de un fuerte erotismo, lo que provocó el rechazo de una parte de la sociedad y de la crítica, a la vez que logró la adhesión de los más jóvenes.
Esta vertiente de descarnado erotismo se advierte sin ninguna duda desde el primero de los poemas que conforman la obra.


Pese a ser el segundo libro que publicó, Veinte poemas de amor... es posiblemente el libro más popular de Neruda y el que lo consolidó como poeta, dándole un prestigio que le acompañó desde entonces. 
Heredero de la línea modernista, este poemario muestra la expresividad de la vanguardia literaria con una intensidad lírica, una vitalidad desbordante y un erotismo patente que se va trocando en un tono de melancolía que entronca con el romanticismo conforme avanzan en los poemas las ausencias y separaciones.

El joven poeta antes de 1920 cuando aún firmaba con su nombre Ricardo Reyes
Si leer los poemas es un acto de latente sensibilidad, escucharlo leer por alguien que lo recite de forma sentida y con conocimiento de causa lo es más. En el siguiente enlace es el propio Neruda quien recita uno de los más conocidos, su Poema 15, el conocido Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Su voz se torna larga y nostálgica para expresar esos sentimientos que, como autor, conoce mejor que nadie, para compartirlo como con una lenta, dramática y sentida letanía. Su voz y su estilo, con una cadencia que tiene cierta semejanza con la forma de recitar de Rafael Alberti, nos acompañan en esta grabación histórica.


Neruda narra en estos veinte poemas la pasión y el amor hacia una mujer idealizada, que no se basa en una sola persona, sino que toma características de varias mujeres reales a las que conoció. Así crea una amante que representa la idea poética del objeto de su amor, un arquetipo, en unos poemas que van cambiando a un tono cada vez más oscuro y sombrío conforme avanzan los poemas, para mostrar el temor de la ausencia y la pérdida tanto de la pasión como de la amada y, en resumen, del propio amor.
El propio poeta trata de su libro en un artículo publicado en el diario La Nación de Santiago de Chile en 1924, el mismo año en que salió a la luz y que transcribe de nuevo en Para nacer he nacido.

EXÉGESIS Y SOLEDAD
Emprendí la más grande salida de mí mismo: la creación, queriendo iluminar las palabras. Diez años de tarea solitaria, que hacen con exactitud la mitad de mi vida, han hecho sucederse en mi expresión ritmos diversos, corrientes contrarias. Amarrándolos, trenzándolos sin hallar lo perdurable, porque no existe, ahí están Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Dispersos como el pensamiento en su inasible variación, alegres y amargos, yo los he hecho y algo he sufrido haciéndolos. Sólo he cantado mi vida y el amor de algunas mujeres queridas, como quien comienza por saludar a gritos grandes la parte más cercana del mundo. Traté de agregar cada vez más la expresión a mi pensamiento y alguna victoria logré: me puse en cada cosa que salió de mí, con sinceridad y voluntad. Sin vacilar, gente honrada y desconocida -no empleados y pedagogos que me detestan personalmente- me han mostrado sus gestos cordiales, desde lejos. Sin darles importancia, concentrando mi fuerza para atajar la marea, no hice otra cosa que dar intensidad a mi trabajo. No me cansé de ninguna disciplina porque nunca la tuve: la ropa usada se conforma a los demás, me quedó chica o grande, y la reconocí sin mirarla. Buen meditador, mientras he vivido he dado alojamiento a demasiadas inquietudes para que éstas pasaran de golpe por lo que escribo. Sin mirar hacia ninguna dirección, libremente, inconteniblemente, se me soltaron mis poemas.

Pablo Neruda, diario La Nación, Santiago de Chile.

El joven Neruda en una fotografía de estudio
Esa nostalgia que precede a la ausencia se deja ver con nitidez en el Poema 6 en el que poeta comienza a evocar el recuerdo de la amada.


Neruda busca dar mayor unidad al libro prescindiendo de los títulos de los poemas a los que simplemente enumera, lo que supone también buscar la complicidad del lector para que realice un esfuerzo en la interpretación de cada uno de ellos. Así, dos características se unen a los temas mencionados del amor, la ausencia y la pérdida.
Por una parte, el erotismo latente, la necesidad del cuerpo que provoca el deseo se va trocando poco a poco en la necesidad de la palabra, la búsqueda de la atención de la amada, desde su oído hasta su mente, configurando estas palabras como una promesa de amor. 
De otro lado, ese arquetipo de la mujer amada le remite al principio vital, a los sonidos y cantos de la naturaleza, a los movimientos telúricos y celestes, al universo y el anhelo de plenitud completa. El amante y el poeta se entregan en todo su ser, sabiendo que es un ideal inasible, inalcanzable, pero deseable.

Portada de la edición original de la Editorial Nascimento de 1924.

Nos acompaña otro de los versos que han trascendido al libro y se han popularizado fuera de él, el Poema 20 que cierra el ciclo.
Escuchamos este conocido Puedo escribir los  versos más tristes esta noche con la música e interpretación del argentino Ramón Ayala perteneciente a su disco La selva y el río editado en 2008 por Epsa Music.


Estos veinte poemas de amor supusieron la consolidación del poeta como una de las figuras del panorama literario hispanoamericano y mundial.
Tras su paso por España durante la guerra civil, en su destino en México como diplomático, Neruda continuó su obra poética con sus Cantos Generales, obra que muestra su inspiración en la poesía de Walt Whitman, recibiendo en 1945 el Premio de Literatura de Chile. Por su pertenencia al Partido Comunista que fue prohibido tres años después hubo de exiliarse, recalando en Capri desde donde realizó una serie de conferencias por Europa. Tras su regreso a Chile publicó obras como Los versos del capitán, sus Odas elementales o Estravagario.


De nuevo encontramos en Para nacer he nacido otra referencia a su libro del que celebramos el centenario en esta publicación. Se trata del prólogo que escribió para una edición de su Veinte poemas en francés en 1960.

Fueron escritos estos poemas con aire, mar, espigas, estrellas y amor, amor... Desde entonces andan rondando y cantando... El tiempo les despojó su primera vestidura, el cataclismo de Chile, suspendido siempre como una espada de fuego, cayó sobre Puerto Saavedra y aniquiló mis recuerdos. Entró el mar que resuena en este libro y la marejada arrolló las casas y los pinos. Los muelles quedaron retorcidos y rotos. Una ola gigante azotó las amapolas. Todo fue destruido en este año de 1960.

Todo... Que mi poesía guarde en su copa la antigua primavera asesinada.

París, noviembre de 1960.

En el Poema 12, el poeta insiste en el abandono y el dolor en una relación a la que se entrega por completo y cuyo corazón sólo necesita el pecho de la amada a quien se ofrece para enseñarle a ser libre. La imagen de las aves que emigran cierran el poema.


Tras una vida con luces y sombras en lo humano y con brillantez en lo poético, en 1970 Allende lo nombra embajador en Francia, al año siguiente recibe el Premio Nobel de Literatura y regresó a su país. Un Neruda enfermo murió el 23 de septiembre de 1973 días después del golpe de Pinochet. Su casa fuer incendiada y su biblioteca personal destruida.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada sigue sorprendiendo cien años después por la facilidad para transmitir emociones primarias y universales, y por la capacidad de conmover y evocar esas imágenes que envuelven a los lectores en una vorágine de emociones. Nos invita a reflexionar sobre la belleza y el dolor del amor, de su ausencia y su pérdida, explorando nuestras propias emociones y experiencias desde la poesía de un escritor como Pablo Neruda.


No podía finalizar esta publicación sin acercarnos a La canción desesperada, un alegato en el que se unen los elementos de los poemas anteriores alrededor del alejamiento y la angustia por la pérdida. Todo está condicionado por el dolor del olvido: la amada, el recuerdo en la noche, el abandono, el naufragio de la relación. Ante esa nostalgia sólo queda escapar de los recuerdos, para huir de sí mismo, para tener un consuelo cuando todo está perdido.
Esta canción es una suerte de epitafio, una despedida cincelada en el mármol del dolor. 
Para un clásico como Neruda, es otro clásico como Paco Ibáñez nos acerca a esta última canción desesperada. El intérprete recrea esta última pieza en una canción en la que acorta los versos del escritor para crear una canción con la misma desolación y dolor que el poema original.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Versos sueltos


Nuestro idioma es rico en elementos, vocabulario y expresiones que nos ayudan y facilitan nuestra comunicación y poder compartir ideas, imágenes mentales y sentimientos.
Esa riqueza que nos facilita la expresión y comunicación se muestra en grupos de palabras como aforismos, frases hechas o refranes, en el que se comunica mucho más que el significado meramente literal. 
Así, nos encontramos con una expresión procedente del lenguaje literario, más concretamente del poético, que va más allá del significado original.
El término verso blanco es una composición poética que posee una métrica regular, pero carece de rima. Hay referencias en una traducción al inglés de La Eneida de Virgilio de Henry Howard alrededor de 1554, siendo utilizado más adelante por Milton en su poema El Paraíso perdido. También fue utilizado por Lope de Vega en el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo utilizando endecasílabos sin rima.
Más frecuente era utilizar el verso libre o verso suelto como forma de sorprender en el poema, preparando al oyente o lector para el verso siguiente que solía ser rotundo y tajante. 
En el diccionario de la Real Academia de la Lengua se define este verso libre o blanco como

1. m. Métr. Verso suelto.
2. m. Métr. Verso que no está sujeto a rima ni a metro fijo y determinado.

Y yendo al verso suelto nos encontramos con:

1. m. Métr. Verso que no forma con otro rima perfecta ni imperfecta.

Este uso de verso suelto se ha incorporado al lenguaje habitual como metáfora para referirse a una persona que actúa de forma solitaria dentro de una comunidad o equipo.
En esta publicación no nos acercamos a esta última acepción, ni a la original del verso sin rima dentro del poema. Simplemente traemos una serie de poemas diversos, sin ninguna relación entre ellos que nos muestran distintos pensamientos e imágenes, nos acercan a diversos temas y muestran estilos totalmente heterogéneos. Cada uno tiene algo que decirnos. ¿Cuál te llegará más hondo? ¿Con cuál te quedarías? ¿Cuál habrías incluido entre estos versos sueltos?
Te propongo acercarte a diversos versos, unos recogidos en poemas y otros con música que nos muestran diversos temas, estilos y mensajes. Nos acompañan obras de Nicolás Guillén, Julio Cortázar y Mario Benedetti y arias de ópera de Glück y Händel. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Conocemos a Nicolás Guillén fundamentalmente por su obra poética, aunque desarrolló su vida también entre el periodismo y la política. Nacido en la cubana  Camagüey en 1902 en el seno de una familia de origen mulato de la clase media creció con un buen nivel cultural.
Su padre dirigía un periódico y pertenecía al Partido Nacional Liberal siendo senador y alzándose contra el gobierno de García Menocal en 1917, acabando asesinado tras la insurrección, lo que llevó a la familia a la ruina económica. 
Tras terminar el bachillerato comenzó a publicar sus primeros versos, inmerso en el estilo renovador del postmodernismo, aportando motivos, expresiones y sentimientos de la cultura afrocubana procedente de los esclavos y sus descendientes, que agregó a la tradición poética del castellano, que le dan a su obra una visión crítica y novedosa.
Guillén trabajó como periodista participando de forma activa en la vida cultural de La Habana. Con Motivos de son (1930), renovó la literatura al inundar la poesía del ritmo, el color y la explotada vida del negro cubano. 


Poco después ingresó en el Partido Comunista, viajó por España e Hispanoamérica y hubo de exiliarse hasta el derrocamiento de Batista en 1958. A su regreso ocupó diversos cargos, entre ellos el de presidente de la Unión de Escritores de su país. 
Entre sus obras podemos encontrar Cantos para soldados y sones para turistas (1937), El son entero (1947), Poemas de amor (1964) y diversas antologías de sus obras. Entre sus poemas más conocidos se hallan la musicalizada La muralla o Sensemayá, canto para matar una culebra.
Nicolás Guillén falleció en 1989, después de haber sido nombrado Poeta Nacional de Cuba.
Nos acompaña su poema ¿Puedes? perteneciente a su libro de 1967 El gran zoo, un texto en el que, a través de diversas hipérboles sobre el aire, cielo, agua y tierra reflexiona sobre aquello que no podemos poseer y que tampoco puede tener dueño. Su sentido poético y sus imágenes se encuentran cargadas de emoción.


No hay dudas sobre la relación entre la ópera y la poesía. Un arte tan como la ópera contiene multitud de elementos que la hacen tan compleja y completa. Una acción teatral con un libreto escrito por poetas especializados, los decorados, el vestuario que sitúa a los personajes frente al espectador para ayudar a recrear la historia, los intérpretes, que deben ser también actores, y la música, la parte más importante, puesto que sin su calidad, la obra no tendría recorrido configuran una obra de arte única y compartida por la participación de multitud de profesionales. A estos elementos debemos añadir los miembros de la orquesta, el director musical, el director de escena, el escenógrafo y otros profesionales para entender la magnitud de cada obra que se lleva al escenario.
Desde las primeras obras los protagonistas eran dioses y héroes clásicos, incorporándose más adelante personajes de la antigüedad como reyes y héroes que fascinaban al público con sus historias.
Aunque hay alguna ópera más antigua, la primera que ha pasado a la historia por conservarse casi entera es La favola d’Orfeo de Claudio Monteverdi, en la que el protagonista no podía ser otro que el mítico cantor que acudió al averno a rescatar de la muerte a su amada Eurídice.


Este personaje y su historia ha sido llevado a los escenarios en distintas obras. En este caso, nos quedamos con la ópera de Christoph Willibald Gluck Orfeo y Eurídice, obra en tres actos con libreto de Raniero de Calzabigi que se estrenó en el Teatro de la Corte de Viena en octubre de 1762, una obra con tres personajes, ballet y coro en la que el compositor austriaco comenzó su reforma operística.
Nos acompaña el aria Che pur ciel en la versión original que luego sería reformada por el propio compositor en italiano y más tarde en una versión francesa. El enlace que nos acompaña comienza con el final de la conocida Danza de las ánimas benditas sobre un fondo de mar en calma al que sigue el aria.
La interpretación corre a cargo de la mezzosoprano Cecilia Molinari en el papel de Orfeo y la Orchestra del Teatro La Fenice dirigidos por Ottavio Dantone en una producción del citado teatro veneciano en una representación de finales de mayo de 2023.


Aunque conocemos más a Julio Cortázar por su obra inscrita dentro de las vanguardias literarias como autor de relatos y una de las novelas fundamentales del siglo XX, también se adentró en el mundo de la poesía.
Desde su primer relato, Casa tomada (1944) bajo el patrocinio de Borges, obras como Bestiario, Historias de cronopios y famas, La vuelta al día en ochenta mundos o Los autonautas de la cosmopista, hasta la celebérrima Rayuela, la novela con la que marcó un hito en el panorama literario del siglo. Algunas de sus obras nos han acompañado en diversas publicaciones de este blog.


Salvo el crepúsculo es el último libro que publicó en vida, un compendio de reflexiones, comentarios, opiniones y, sobre todo, poesías que se publicó en 1984 sin que llegara a corregir las pruebas de imprenta.
Cortázar no podía presentar unos versos convencionales, sino que muestra un abanico, una suerte de collage en el que rinde homenaje a la poesía y a los poetas, a las músicas que adoraba del tango y del jazz, a París y Buenos Aires, a la pintura, la melancolía o al amor. 
En estos últimos ámbitos se inscribe el poema que nos acompaña, El futuro, en el que la ausencia llena no solo el futuro, sino también el presente.


En ocasiones las óperas no utilizan su carga poética para todo el texto del libreto, sirviéndose libretista y compositor textos más pequeños para alguna de sus piezas.
La primera ópera que Georg Friedrich Händel compuso para estrenar en Gran Bretaña fue Rinaldo, con un libreto en italiano de Giacomo Rossi, que se presentó por primera vez en el Teatro de la Reina de Haymarket en Londres, en febrero de 1711.
Nos acompaña un aria da capo, ese tipo de composiciones para una voz escrita en forma tripartita, en la que la primera parte se repite al final como su nombre indica.
Se trata del aria Cara sposa que utiliza un texto de cinco versos que el compositor desarrolla para escribir un aria de una belleza muy del estilo del barroco.

François Boucher, Rinaldo y Armida (1734), Museo del Louvre
La primera parte, lenta, doliente y melancólica desarrolla musicalmente los primeros versos que podemos traducir con las siguientes palabras:

                    ¿Querida esposa, amante querida,
                    dónde estás?
                    ¡Ah! ¡Retorna mi ira!

A esta primera sigue una segunda parte, más breve donde se cantan con rabia furiosa los siguientes versos:

                    En el altar de vuestro oscuro Erebo,
                    con la fuerza de mi indignación, 
                    ¡yo os desafío, oh espíritus indignos!

La tercera parte es la repetición de la primera, su vuelva al da capo, al comienzo.
La interpretación corresponde al contratenor francés Philippe Jaroussky acompañado en versión de concierto por el Ensemble Matheus y dirigidos por Jean-Crhistophe Spinosi. Puedes activar los subtítulos en nuestro idioma.
 

Otro de los grandes nombres de las letras iberoamericana, unido también al boom de la literatura hispanoamericana, Mario Benedetti forma junto con Juan Carlos Onetti y Eduardo Galeano el trío de grandes escritores uruguayos, siendo posiblemente su figura más destacada. 
Benedetti cultivó gran variedad de géneros desde la poesía a la novela, la dramaturgia, el cuento o la crítica literaria, alcanzando gran popularidad y renombre primero entre los lectores, más adelante con adaptaciones para la gran pantalla de obras como La tregua (1960) o Gracias por el fuego (1965) y con la musicalización de algunos de sus poemas como El sur también existe de Joan Manuel Serrat.
Tras comenzar su obra con una literatura realista basada fundamentalmente en la burocracia y el espíritu de la pequeña burguesía, su obra fue derivando hacia el retraso social y la crítica ética hacia la sociedad uruguaya que surgen con las novelas mencionadas anteriormente.


Más adelante, su obra se hace eco de la angustia social y la esperanza de encontrar salida a los regímenes militares que imperaban en el cono sur, como se refleja en El cumpleaños de Juan Ángel (1975), novela en verso, cuentos fantásticos como La muerte y otras sorpresas (1968) o el tema del exilio en Primavera con una esquina rota (1982).
Su poesía también reflejó estas vivencia políticas y sociales, su exilio y regreso con obras como La casa y el ladrillo (1977), Vientos de exilio (1982) o Geografías (1984).
En Poemas de otros nos acercamos a uno de sus poemas, una corta y contundente reflexión sobre el ritmo que llevamos en nuestras vidas que nos impide ver en ocasiones por donde transitamos.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Guillén, Nicolás. El gran zoo, Libros del Zorro Rojo, ilustraciones de Arnal Ballester, 2009. 
  • Cortázar, Julio. Salvo el crepúsculo, Editorial Alfaguara, 2009.  
  • Benedetti, Mario. Poemas de otros, Visor de Libros S. L., 2020. ISBN: 978849895361

Sapere aude! Atrévete a pensar con Kant

Pensamos que pensamos libremente, que cuando lo hacemos no estamos condicionados en nuestro pensamiento y en la forma de hacerlo. Sabemos que podemos actuar de diferentes formas ante un hecho o acontecimiento, pero, ¿lo hacemos siempre de la forma que creemos más justa o nos dejamos llevar por lo que nos apetece en ese momento?
Plantearnos estas y otras cuestiones es parte fundamental de nuestra vida, supone tener una conciencia crítica que nos ayude a afrontar nuestra existencia y nos permita avanzar hacia un grado de juicio más experimentado.
Hay intelectuales que han contribuido a ayudarnos a mejorar nuestra conciencia y forma de razonar, a mejorar las instituciones que nos gobiernan o a colaborar para que nuestros juicios aprecien mejor lo que nos ofrecen las obras de arte.
Uno de estos pensadores es Kant, un filósofo del que se cumplen tres siglos de su nacimiento y que, aunque sólo lo lean estudiantes y otros filósofos le debemos mucho en nuestras vidas.
La figura y la obra de Kant están ahí, pero, ¿quién lo lee? Posiblemente sólo los que nos acercamos a sus ideas en nuestro tiempo de estudiantes y los interesados en la filosofía, aunque su pensamiento ha influido en nosotros y nuestras vidas sin saberlo y tiene mucho que decirnos en la actualidad. En cierto sentido, Kant ayudó a cambiar la forma de pensar, propiciando que cada persona pueda rechazar los dogmas establecidos y cuestionar todo y se proponga reflexionar por sí misma. Propuso la libertad responsable y una idea tan revolucionaria y novedosa como la de la ciudadanía común. Además, con las crisis de valores, los miedos de nuestro tiempo, las derivas populistas y autoritarias o las amenazas latentes de conflictos bélicos generalizados, su obra tiene más vigencia y actualidad, aunque no la leamos.
Te propongo acercarte a la figura de Inmanuel Kant, el filósofo que tanto ha influido en nuestras vidas aunque no lo sepamos, cuando se cumplen trescientos años de su nacimiento. Nos acompañan textos suyos y música de Haydn, Mozart y Beethoven. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Inmanuel Kant nació el 22 de abril de 1724 en la ciudad alemana de Königsberg, la que fuera capital de Prusia Oriental hasta el final de la II Guerra Mundial, hoy Kaliningrado en territorio ruso. Procedente de una humilde familia, su padre era talabartero, fue el sexto de los nueve hijos del matrimonio de Johann Georg Kant y Anna Regina Reuter.
Estudiante constante, aunque no brillante, entró en la universidad de su ciudad natal con dieciséis años, aunque tuvo que dejar los estudios tras el fallecimiento primero de su madre y después de su padre para impartir clases a familias nobles para mantener a su familia.
Pese a ser un pensador revolucionario, su vida fue de lo más anodina e intrascendente, rutinaria como ninguna otra. Kant estuvo impartiendo esas clases particulares mientras seguía investigando y publicaba algunos estudios, sin dejar la universidad, esta vez como profesor, cargo en el que permaneció durante cuarenta años, en la mayoría de los cuales impartió metafísica.
Metódico en sus pensamientos, Inmanuel Kant tomaba notas sobre las reflexiones que se le venían a la cabeza, anotaba en los márgenes de sus escritos para matizar o aclarar reflexiones o trabajaba sobre algunas obras que dejó inconclusas o no llegó a tomar forma. Algunas de estas ideas más o menos sueltas se recogen en obras compilatorias como Kants Reflexionen zur Moralphilosophie (Reflexiones sobre filosofía moral de Kant). Estas circunstancias hacen que su obra tenga tanta amplitud al tratar tan diversos y variados temas.
Destacada entre sus obras principales, una respuesta a su tercera pregunta, que veremos más adelante, en Critik der Urtheilskraft (Crítica del juicio, 1790), Kant indaga sobre los juicios que provienen del ámbito de los sentimientos, que se originan desde la libertad y la utilidad, una continuación de sus Crítica de la Razón Pura y Crítica de la Razón Práctica. Una constante en esta obra es el hecho de poder confrontar el propio juicio con el de los demás, abriendo la posibilidad de ponernos en el lugar de los otros, no sólo por lo que enjuician, sino por lo que pueden llegar a enjuiciar.
Así, en el Libro Segundo, Analítica de lo sublime encontramos en el capítulo Deducción de los juicios estéticos puros este razonamiento en el que trata de la unión de distintos aspectos de las bellas artes. La forma de la obra de arte nos lleva a su contemplación y al juicio que nos acerca al placer y a la cultura. Si las obras llevan al mero entretenimiento tienen un fin en sí mismas; si, en cambio, tienen ideas morales nos elevan el espíritu. 


Las costumbres estrictamente rutinarias de Kant eran conocidas y célebres: No se alejó jamás más de unos cuantos kilómetros de su lugar de nacimiento y residencia y no tuvo ninguna relación amorosa. Sus costumbres eran tan metódicas, rígidas y ordenadas que daba paseos con una puntualidad tal que sus conciudadanos bromeaban con que podían poner su reloj en hora cuando lo veían pasar por sus calles. Era, en resumen, una persona dedicada plenamente a su oficio, un investigador y profesor universitario que centró toda su vida en esa única faceta. Y lo hizo de forma totalmente revolucionaria.


Sin tener datos concretos de la música que pudiera oír en Köningsberg, podemos imaginar que escuchó la de los grandes compositores de su tiempo. Uniendo el texto anterior, sus rutinarias costumbres y un compositor como Haydn encaja la música que nos acompaña.
Estrenada en su segunda estancia en Londres en marzo de 1794, cuatro años después de la publicación del texto anterior, la Sinfonía 101 de Joseph Haydn es conocida como Sinfonía del Reloj por su ritmo de tic-tac del segundo movimiento.
Este segundo movimiento, Andante, comienza con el tema principal con un acompañamiento en forma de vaivén a modo del citado tic-tac de reloj en el que destaca el protagonismo de la flauta y el oboe. A mitad del movimiento hay un tiempo contrastante con la calma del mismo que crece en intensidad contenida. Vuelve la calma inicial con el protagonismo de la flauta. Haydn introduce un inesperado silencio -¿quizás una broma para dar cuerda al reloj?- tras la que sigue una variación sobre el tema principal con la que concluye este Andante.
No hay música que se identifique más con las rutinarias costumbres kantianas.
La interpretación corre a cargo de la Geneva Camerata con Roy Amotz en el solo de flauta y la dirección de David Greilsammer en un concierto celebrado en Bâtiment des Forces Motrices en la ciudad italiana a finales de enero de 2020. 
La realización en vídeo nos lleva a disfruar todo el sonido de los instrumentos de la orquesta con una claridad que nos permite apreciar todos los engranajes de ese reloj de Haydn y que podemos catalogar como sublime, una palabra que aparecerá más adelante.


Tras estudiar en la Universidad de Köningsberg lógica, metafísica, ciencias naturales, geografía y teología, y emplearse como perceptor con varias familias nobles, ocupó el cargo de ayudante de bibliotecario. Durante ese tiempo publicó algunos textos que le dieron prestigio en la universidad, hasta que ocupó su plaza como profesor ordinario de lógica y  metafísica. Allí impartiría sus clases exponiendo las ideas de su tiempo, hasta que fue elaborando su propio sistema filosófico, que calculó que le llevaría unos tres meses en redactar, aunque le llevó once años hasta que salió a la luz su Crítica de la razón pura en 1781, una obra que marca el inicio de unas ideas totalmente revolucionarias que señalan un antes y un después alrededor de Kant.
En su obra aparecen ideas novedosas hoy totalmente -o no- consolidadas: La educación universal y gratuita, el derecho internacional, el concepto de gobierno organizado como federación de estados como son la ONU o la Unión Europea o el principio de autonomía moral y personal son algunas nociones que surgen de la metafísica de Kant y que influyen en nosotros aunque no las conozcamos.
En su tratado Sobre la paz perpetua (1795) reflexiona sobre la regulación de los conflictos bélicos, indicando que ningún estado debe entrar por la fuerza en el gobierno de otro o que, en caso de guerra no se lleven a cabo acciones que pongan en peligro una futura paz.


Siguiendo con su obra Crítica del juicio, Kant reflexiona sobre el valor estético que tienen las artes entre sí, comparando su importancia. Tras indicar y desglosar su opinión de por qué la poesía ocupa el primer lugar, centramos el texto en el valor y la importancia de la música en la segunda posición según su valoración. La música habla con sensaciones y no con conceptos, pero mueve con mayor facilidad al espíritu, le llega más directa y rápidamente y, aunque es pasajera, tiene más poder para interiorizarla.




Kant vivió la mayor parte de su existencia en el llamado Siglo de las Luces, un tiempo que buscaba el conocimiento, acuñando una de las frases que han pasado a la historia de la filosofía y que tomó de unos versos de Horacio: Sapere aude!, que se traduce como «atrévete a pensar», «atrévete a saber», «ten el valor de usar tu razón» o «¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento!».

Otro compositor del que con seguridad escuchó música fue Mozart, que había fallecido en 1791. Los ideales de la Ilustración, muchos de los que coincidían con la masonería, aparecen en su última ópera, La flauta mágica, esa mezcla de cuento oriental con los ideales ilustrados. La oscuridad de la Reina de la Noche frente a la fuerza de la razón de Sarastro, unido a los personajes como Tamino y Pamina en busca de la luz del razonamiento y un personaje tan arraigado en lo popular como Papageno, tan alejado del sueño de la Ilustración, engarzan con el pensamiento de Kant.
Nos acompaña el dúo del primer acto entre Tamina y Papageno Bei Männern, welche Liebe fühlen (A los hombres que sienten el amor) en el que hablan de este noble sentimiento. La soprano Dorothea Röschmann como Tamina y el barítono Simon Keenlyside como el pajarero son los intérpretes de este duetto con subtítulos en castellano. 


El filósofo prusiano no es un optimista inconsciente en su pensamiento, es conocedor de la pasión por el poder, de la existencia del conflicto, la ambición y la maldad en el ser humano o de las razones de estado. A pesar de estos problemas, de las guerras o los actos de violencia, Kant ve posible que la humanidad progrese y avance hasta lograr la paz entre los estados, sabiendo que hay muchos argumentos para trabajar por un mundo mejor, a través de la fuerza del conocimiento y la conciencia ética.
En su obra, Kant reflexiona sobre la relación que existe entre o que aportamos desde la organización de nuestras capacidades de comprensión y lo que recibimos gracias a los sentidos, que tienen que configurarse según nuestra forma de conocer. Sin los sentidos no tendríamos conocimientos, puesto que éstos nos proporcionan datos experimentales, pero esta información la recibimos y configuramos a partir de la organización de nuestra propia forma de conocer, que no es igual a las de otros ni la única posible.
Así, Kant defiende que quizás no conozcamos la realidad tal como es, la cosa en sí, a la que él denomina noúmeno. Sabemos lo que nos dan las cosas para influir en nosotros gracias a los sentidos y cómo organizamos esa información con el conocimiento. 
En su obra, Kant distingue tres preguntas fundamentales cuya respuesta le lleva a la misma disciplina: 
-¿Qué puedo conocer? La filosofía trata de los principios y los límites que propician el conocimiento científico de cuanto existe, de los seres físicos y de la naturaleza.
-¿Qué debo hacer? También la filosofía determina los principios de las acciones y las condiciones de la libertad del ser humano. 
¿Qué puedo esperar? La filosofía, de nuevo, esboza el destino de los hombres y valora las condiciones y posibilidades de su realización.
A cada una de estas tres cuestiones capitales dedicó una de sus obras fundamentales: A la primera, la Crítica de la razón pura, a la segunda la Crítica de la razón práctica y a la última, la Crítica del juicio.

Con el título de Beoachtungen über das Gefühl des Schönen und Erhabenen (Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime), Kant publicó en 1765 uno de sus primeros ensayos, una suerte de tratado con reflexiones sobre temas variados como moral, descripción de algunos caracteres personales o nacionales, psicología o arte con un lenguaje fácil, ingenioso y delicioso, algo poco habitual en el pensador alemán.
En esta obra Kant trata el problema de la estética antes que en la Crítica del juicio, donde lo hará de manera más sistemática, con observaciones interesantes, ocurrencias geniales y algunas críticas.
Nos acompaña el primer capítulo de este tratado en el que centra en definir, distinguir y delimitar los sentimientos ante lo bello y lo sublime. Un texto para corroborar nuestra experiencia de lo que expone, a la par que podemos aportar algunos ejemplos por nuestra parte.


Poco pudo escuchar Kant de la música de Beethoven, si llegó a escuchar alguna, puesto que el compositor de Bonn apenas si comenzaba a ser conocido cuando falleció el filósofo. Pero sí hay una mención en el sentido contrario. 
En el diario de Beethoven una anotación de 1820 hace referencia a la Crítica de la razón práctica«La ley moral en nosotros y el cielo estrellado sobre nosotros. ¡Kant!». La mención nos lleva a pensar que el compositor conocía su obra y que podía haber influido en su forma de pensar y componer.
La expresión anterior de Kant «Lo sublime conmueve, lo bello, encanta», se puede aplicar con total rotundidad a la obra de Beethoven. ¿No son sublimes sus sinfonías, especialmente la Quinta y la Novena? ¿No es sublime su planteamiento de la libertad en Fidelio?


E. T. A. Hoffmann, en su faceta de crítico llegó a escribir. «La música de Beethoven nos acerca a sentimientos de temor, de horror, de sufrimiento, despertando el infinito anhelo que mueve el romanticismo». Lo sublime se manifiesta como el deseo de abrirse a lo ilimitado, a los grandes conceptos, a lo infinito, rompiendo los límites de las normas.
Si el último movimiento de su Novena Sinfonía es un canto a la libertad que se mueve en la idea de lo sublime, el tercer movimiento se mueve entre los conceptos de bello y sublime. Está la belleza contenida que, cuando conocemos la obra completa, sabemos que va encaminándose hacia esa sublime explosión coral última.
Nos acompaña este tercer movimiento, Adagio molto e cantabile de la Novena Sinfonía en una interpretación de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen dirigida por el estonio Paavo Jarvi en la Beethovenhalle de Bonn en 2009.


Una preocupación fundamental de las ideas de Kant es la ética que diferencia entre la ética material, empírica puesto que sus contenidos proceden de la experiencia, con preceptos condicionales encaminados a conseguir fines y son heterónomas, determinando al sujeto a través de leyes ajenas a su razón o a sí mismo. Kant la rechaza propugnando una ética formal que no tiene fines y ni determina qué debemos hacer, centrándose en cómo debemos actuar, que es por el deber, ya que una acción hecha por deber tiene un valor moral, no en el propósito por el que se hizo, sino en la máxima por la cual ha sido resuelta.


Surge así el imperativo categórico que el filósofo formula de distintas maneras en Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (Fundamentación de la metafísica de las costumbres). Nos quedamos con una de ellas en este último texto en el que Kant reflexiona sobre este imperativo.


Finaliza esta publicación sobre Kant en el tricentésimo aniversario del nacimiento del filósofo alemán con un enlace atípico, fuera del estilo del blog. Se trata de un anuncio dentro de la campaña de civismo de TRAM, la compañía de Tramvia Metropolità de Barcelona en el que se interpreta un Trap con la figura de Kant y su imperativo categórico.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: