18 ago. 2017

El Sol que nos acompaña

Sin el Sol no podríamos vivir. Se trata de un argumento que nadie puede discutir. La estrella alrededor de la cual giramos y la distancia a la que nos encontramos respecto a ella hacen que nuestra vida sea posible. Incluso los astrónomos buscan por el espacio otras estrellas con planetas que tengan características parecidas a las que tiene La Tierra para estudiar la posibilidad de que exista algún tipo de vida con las condiciones semejantes a las que aquí tenemos. Concebimos la vida con estas condiciones concretas.
Pero nuestra concepción del Sol y la relación con la vida ha ido cambiando con el paso del tiempo. Desde la adoración a nuestro astro en las primeras culturas, pasando por las diversas teorías desde la geocéntrica a la heliocéntrica para llegar a la idea del Big Bang, la mente humana ha ido adaptando la relación del Sol y La Tierra, junto con los demás planetas, a los conocimientos que se tenían en los determinados momentos de nuestra historia.
Pero con el auge del humanismo, el Sol, la experiencia del Sol ha servido para utilizar y convertir nuestra estrella en un poderoso condicionante, un activo personaje, un determinante elemento o un factor comparativo en las obras que reflejan o transmiten nuestro pensamiento a través de las distintas artes. 
Todos, seamos de la condición que sea, tengamos las creencias que tengamos o la opinión que queramos, todos vivimos bajo el mismo sol.
Te propongo un recorrido alrededor de la experiencia que el Sol nos ofrece a través de un texto del mexicano Alfonso Reyes y la canción más conocida sobre el sol, una canción napolitana que se ha hecho universal y todos la hemos oído cantar en múltiples ocasiones con diversos intérpretes.

Impression, soleil levant, de Claude Monet




Alfonso Reyes Ochoa, diplomático, escritor, difusor cultural, amigo y colaborador de la mayoría de escritores hispanos de su época, es una de las figuras de la cultura y las letras hispanoamericanas más influyentes en su momento y hoy una personalidad algo olvidada, limitada al conocimiento de los expertos y estudiosos.
Natural de la ciudad mexicana de Monterrey, desarrolló su vida entre los últimos años del siglo XIX y la mitad del XX. Tras estudiar entre su ciudad natal y la capital del país, fundó junto a otros escritores el Ateneo de la Juventud donde se dedicaron a dar a conocer obras literarias, especialmente las griegas clásicas.
Desarrolló su labor diplomática en las embajadas de Argentina, España, Francia o Brasil, lugares donde no dejó de entablar relaciones con los escritores de su época como Menéndez Pidal, con quien trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset o Gómez de la Serna en su estancia en España. Autores americanos como Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Gabriela Mistral -que lo propuso como candidato al Nobel- o el joven Jorge Luis Borges, quien le envió el manuscrito de El Aleph para pedirle opinión y que consideraba a Reyes "el mejor prosista de lengua española en cualquier época".
Mal avenido en la época de la Revolución Mexicana -mataron a su padre, un general partidario de Porfirio Díaz-, se estableció en Europa y durante la Gran Guerra se trasladó a España. Años más tarde regresó a su país donde llegó a hacer una labor didáctica y cultural, siendo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio Nacional, fundó el Instituto Francés de América Latina y el Colegio de México, una de las instituciones académicas más prestigiosas del país. 



El escritor regiomontano abarcó desde la teoría literaria hasta la historia de Grecia, pasando por la novela policíaca o las raíces históricas de sus país. Esta última con su obra Visión de Anáhuac (1519), publicada en 1915, una de las obras más lúcidas y poéticas sobre el México prehispánico, en la que despliega su estilo caracterizado por la riqueza de vocablos y giros expresivos, las construcciones gramaticales poco frecuentes o el uso de arcaísmos. Se trata de una obra que presenta un sincretismo de las culturas occidental e indígena, bajo el estilo de la tríada platónica: la verdad, la bondad y la belleza. Su influencia es grande en los escritores mexicanos, especialmente en Octavio Paz y Carlos Fuentes.
Autor de una ingente obra dominada sobre todo por el ensayo, escribió también poesía, relatos, teatro y traducciones de obras clásicas del griego. 
La obra que te propongo en esta ocasión es una poesía, de tono menor, con raíces en un hallazgo infantil por el que todos hemos pasado, en mi caso personal no con el Sol, sino con la Luna, un descubrimiento que recuerdo en traslados veraniegos nocturnos hacia mi casa.
 
La Canzone napoletana o Canción Napolitana suele ser una composición para voz masculina y acompañamiento instrumental con un aire sentimental con un texto de tipo amoroso o que alaba las maravillas de la zona de Nápoles. Hay canciones napolitanas que han trascendido a una popularidad más allá de las fronteras italianas debido a la migración napolitana a Europa y América, además de la incorporación de las mismas al repertorio de cantantes de ópera en sus recitales, especialmente los de origen italiano. Títulos como O sole mio, Torna a Surriento, Funiculì, funiculà, Santa Lucìa o Cuore'ngrato han dado la vuelta al mundo y, en distintas versiones las hemos oído en la voz de los más variados cantantes y versiones.
Con más de cien años de edad, O sole mio es una canción conocida en todos los rincones del mundo, desde Japón -en la olimpiada de Tokio de 1964 sonó en lugar del himno italiano- a Inglaterra -donde se utiliza para promocionar helados del país transalpino- pasando por casi cualquier país. Su mérito para triunfar está, como en muchas otras composiciones, en su simplicidad.

Amanecer en la bahía de Nápoles, al fondo el Vesubio


Giovanni Capurro compuso una de esas poesías que se vendían por las esquinas en copielle (pequeñas copias) para que los enamorados las recitaran a sus amadas. Fernando Bideri, editor amigo de escritores como d'Anunzzio o Pirandello, compró los derechos de la letra y la música que varios años después Eduardo di Capua escribiría en Moscú preso de la nostalgia del sol napolitano. Los Bideri, herederos aún de los derechos de autor, cuentan que di Capua vendió los derechos a Fernando para poder gastar las dos liras en la lotería. Dedicada a la noble señora Nina Arcoleo, di Capua compuso primero el andantino, más tarde la estrofa cantada para terminar con el ritornello (estribillo). 



El primer impulso a la canción vino de parte del gran Enrico Caruso, quien aprovechando que era el tenor de referencia en el Metropolitan Opera House la incorporó a su repertorio de recitales para alegría de los italianos que vivían en Nueva York. El tenor napolitano grabó O sole mio en 1916 con The Victor Orchestra bajo la dirección de Walter B. Rogers, en un acompañamiento que, oído hoy, se nos antoja anticuado por folklórico y tradicional, pero con un exquisito y delicado sabor histórico.


Además de ser interpretada por todos los grandes cantantes de ópera italianos del siglo XX, recibió un nuevo impulso hacia la popularidad con las diversas interpretaciones que Los tres tenores, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, realizaron de diversos temas operísticos entre los que incluyeron O sole mio y que hizo que de nuevo volviera al gran público. El segundo enlace pertenece a una actuación que llevaron a cabo en Los Ángeles en 1994 bajo la dirección de Zubin Mehta. La sobreactuada interpretación era parte del espectáculo que se llevaba a un público no acostumbrado al repertorio, igual que los subtítulos que se han añadido al vídeo.


La tentación de utilizar la melodía hizo que cantantes del pop y el rock como Elvis Presley, Bryan Adams, Al Bano, Il Volo o Andy Bell llegaran a realizar versiones propias. Elvis realizó una versión que tituló It's now or never (Ahora o nunca), modificando sustancialmente la letra y adaptando la música a su personal estilo. En su último concierto es una de las piezas que quedaron recogida y la versión que enlazo, con subtítulos pertenece a una grabación en disco de 1960.



Finalizamos con una interpretación de Luciano Pavarotti en los BBC Proms de Londres 1991 grabada en Hyde Park. En ella podemos ver la grandeza de una de las canciones más conocidas del repertorio mundial junto con una de las más grandes e inimitables voces y la facilidad que Pavarotti tenía para las notas de la tesitura alta de la voz. La melodía es reconocida por el público nada más comenzar los primeros compases.



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11 ago. 2017

La fiesta en la calle

El verano nos invita a salir a la calle, festejar, encontrarnos con los vecinos, amigos y quienes se fueron y regresan por unos días.
En la mayoría de pueblos y ciudades se celebran fiestas populares, de patronos y patronas, fiestas de barrios, verbenas o ferias en las que salir a la calle, aprovechar las horas nocturnas, conversar, pasear y oír música se convierten en algo cada vez más inusualmente habitual.
Aunque las fiestas continúen y el motivo sea el mismo que tenían originalmente, el paso del tiempo ha ido cambiando la celebración de las misma. Independientemente de que haya agrupaciones y asociaciones que velen por salvaguardar las tradiciones, la estructura de la sociedad, las relaciones entre unos y otros miembros de las mismas, el rol cambiante que todos desempeñamos o las costumbres más recientes que nos acercan más a la vida más individualizada, hacen que las formas de estas fiestas sean diferentes a cómo lo eran hace unas décadas, especialmente los más jóvenes, a quienes se dirige la mirada en esta ocasión.
En esta entrada dedicada a las fiestas populares y cómo han cambiado con el paso del tiempo te traigo una poesía con un aire desenfadado y popular de Luis de Góngora y uno de los coros de zarzuela más conocidos del repertorio, la Ronda de enamorados de La del Soto del Parral, enfocados ambos a los más jóvenes, los mozos y mozas.


Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba a mitad del siglo XVI, el mayor de cuatro hermanos, hijos de Francisco de Argote y Leonor de Góngora. Su padre, un ávido lector, quedó relegado en la herencia por ser hijo de un segundo matrimonio, mientras su madre pertenecía a una próspera familia vinculada a un secretario de Felipe II, por lo que optaron por el apellido materno en primer lugar, algo no infrecuente en la época y de vigente actualidad.
Coetáneo de autores como Lope de Vega, Quevedo o Cervantes, es acaso el más grande poeta de nuestro Siglo de Oro con una poesía culta, concentrada, muy meditada. Las rivalidades entre ellos quedaron recogidas en los escritos, rimas y poemas satíricos que componían denigrando a sus rivales.
Un tío suyo, racionero de la catedral de Córdoba le cedió unos beneficios eclesiásticos que le hicieron tomar las órdenes menores, pudo estudiar en Salamanca y viajar por distintas ciudades de nuestra geografía. 
Aficionado a la poesía, las cartas y los toros, el obispo de Córdoba le censuró "su escasa asistencia al coro, su presencia en las corridas de toros, la participación en corrillos donde se trata de vidas ajenas, el trato con actores y la escritura de coplas profanas", a lo que el poeta respondió: "Ni mi vida es tan escandalosa, ni yo tan viejo que se me pueda acusar de vivir como mozo". Pasó etapas de gran pobreza debido a que tenía algunas costumbres caras y nunca dudó en ayudar a los familiares más necesitados. En sus últimos años se ordenó sacerdote y fue nombrado Capellán honorario de Felipe III.



En Soledades, una de sus obras más personales, realiza una fusión de los temas cortesanos con otros opuestos como el retiro, la soledad, la pesca o la caza y la vida del campo. 
Aficionado a los temas heroicos y complejos, los mezcla con los aires burlescos y populares. En una de sus obras más queridas, La Fábula de Príamo y Tisbe alumbra un nuevo estilo mezcla de lo sobrio, lo formal y lo humorístico, surgiendo lo jocoserio.
Quizás su obra más conocida sea La Fábula de Polifemo y Galatea, el poema mitológico más conocido y estudiado de nuestro idioma y que apareció en este blog en Memorias de un cíclope. Una poesía llena de los claroscuros que dominaban la pintura de la época, la belleza de la ninfa con la fiereza del gigante, el amor del cíclope con el desprecio de Galatea que prefiere al joven Acis.
Pero es el lado más popular, fresco y pegadizo de Góngora el que traigo a esta entrada. En ¡Que se nos va la Pascua, mozas! ¡Que se nos va la Pascua! el poeta cordobés trata dos temas que, aunque son propios de su época, son permanentes a casi cualquier época y siguen de vigente actualidad: el del paso del tiempo y el de vivir el momento, el tempus fugit y el carpe diem






De la misma forma que la ópera en italiano, tanto la seria como la cómica o buffa, derivan en Francia hacia la Opéra-comique y en Alemania y Austria hacia el Singspiel, en España surge la Zarzuela. Estas composiciones son el resultado de adaptar el idioma predominante de la ópera al autóctono de cada país, sus lenguajes a los gustos del público, las alusiones, las costumbres, los giros y dobles sentidos a la sensibilidad de los espectadores. En cada uno de estos países siguieron unas sendas diferentes que ahondaron en la idiosincrasia de quienes asistían a los espectáculos.
En nuestro país fue Calderón de la Barca quien primero utilizó el nombre de Zarzuela para su obra de 1657 El golfo de las sirenas. Casi treinta años antes, Lope de Vega publicó La selva sin amor, comedia con orquesta. En el prólogo de la edición escribió: "Los instrumentos ocupaban la primera parte del teatro, sin ser vistos, a cuya armonía cantaban las figuras los versos en aquella frondosa selva artificial, haciendo de la misma composición de la música las admiraciones, quejas, iras y demás afectos".
La época de esplendor de la zarzuela vendría en el siglo XIX, a partir de 1839, con una serie de libretistas y compositores que hicieron que algunos temas de las obras se hicieran populares, el público aprendía y daba a conocer. El esquema se basaba en números cantados, hablados -que sustituían a los recitativos operísticos- coros y dúos o piezas para solistas. El contenido se comenzó a basar cada vez más en el género costumbrista y regionalista o local, con lenguaje popular y castizo. Este aspecto, que fue el que le dio su grandeza y reconocimiento, es ahora el que hace que estas obras hayan quedado más desfasadas, aparte del valor musical que tienen.
Una confusión viene de su clasificación. Ya en el siglo XIX, la zarzuela se dividió en género chico para las obras de un sólo acto y género grande para aquellas de dos o más actos.
Autores como Francisco Asenjo Barbieri, Emilio Arrieta, Federico Chueca, Fernández Caballero, Tomás Bretón, Ruperto Chapí o  Moreno Torroba engrandecieron la zarzuela con sus aportaciones hasta mediado el siglo XX.
Hubo grupos de libretistas y compositores que colaboraron de forma sistemática en la composición de diversas obras. De muchas de estas composiciones nos ha quedado algunos números musicales con el suficiente valor como para aparecer en diversas antologías, además de algunas obras que, puntualmente, son llevadas a escena en diversos escenarios de nuestra geografía.



La del Soto del Parral es una zarzuela en dos actos y tres cuadros -por lo tanto, del género grande- con libreto de Anselmo Carreño y Luís Fernández de Sevilla y música de Reveriano Soutullo y Juan Vert que se estrenó en el teatro La Latina de Madrid en 1927. Uno de sus momentos más conocidos es La ronda de enamorados ¿Dónde estarán nuestros mozos? perteneciente al primer acto. El paso del tiempo es aquí evidente, ya que los hábitos y usos actuales no hacen ni imaginarnos este tipo de escenas que reflejan un cuadro de lo más típico y costumbrista, más en consonancia con el texto de Góngora que con nosotros, aunque la distancia en tiempo es varios siglos menor. 
La grabación tiene algo especial, ya que en ella aparezco cantando junto con los componentes de la Coral Polifónica Municipal de La Palma del Condado y está extraída del concierto que se celebró el 2 de marzo de 2012 en el Teatro España de La Palma del Condado con la citada Coral, junto con la de La Merced de Huelva y la Orquesta de la Universidad de Huelva, todos bajo la dirección de Fran Escobar


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4 ago. 2017

Inspirados por una trucha

La naturaleza ha sido y es fuente de inspiración, creatividad y un elemento donde afloran las emociones. 
Desde las primeras manifestaciones artísticas del paleolítico hasta nuestros días, el ser humano ha dirigido la mirada a los elementos de la naturaleza así como a las plantas o animales que le han servido como un espejo que les devolvía los pensamientos que se fraguaban en su interior. 
Esta mirada a la naturaleza nos ha devuelto en forma de obra de arte, cada vez de una forma distinta según la evolución de la mentalidad, las ideas sociales, las distintas técnicas artísticas y movimientos culturales. La idea de lo bucólico, un riachuelo, el comportamiento y el lenguaje de los animales, una tormenta, las flores o el simple ejemplo de un pez como la trucha han pasado por distintos momentos y manifestaciones a través de las corrientes culturales a lo largo de la historia de la humanidad.
Descripciones y homenajes musicales de ríos como el Moldava de Smetana o el Danubio azul de Strauss; tormentas románticas como las de las óperas de Wagner o Rossini; sinfonías como la Pastoral de Beethoven o los sonidos de las aves de Oliver Messiaen acercan la música a la naturaleza o la naturaleza a la música.
Obras pictóricas como los cuadros desde el Renacimiento hasta el Impresionismo, desde el Barroco hasta el Realismo, desde el Rococó al Naturalismo, todos han tenido y cada uno a su estilo como fuente de inspiración y objeto de su pensamiento y filosofía de vida la naturaleza.
Libros y poemas desde las más antiguas epopeyas, con su agreste naturaleza, al renacimiento, la poesía bucólica, el romanticismo, los movimientos del naturalismo, la vuelta al mundo clásico, han buscado en la naturaleza los elementos que acercaran al ser humano su pensamiento.
Te propongo una mirada a la inspiración que surge de la naturaleza, en este caso a partir de un pez como la trucha con uno de los textos más antiguos de nuestro idioma y un paseo por una de las obras más conocidas e inspiradas de Schubert.


El libro de Calila e Dimna es el primer texto narrativo de nuestro idioma, posiblemente mandado a escribir por Alfonso X el Sabio antes de subir al trono. En realidad se trata de la traducción de unas traducciones. A mitad del siglo XIII se traduce del árabe el libro Kalika wa-Dimna, una traslación cuyo original es el Panchatantra hindú del año 300 d. C. 
Se trata de uno de los libros, al estilo de Las mil y una noches, apropiados para la educación de un príncipe, en el que el rey Diselem realiza preguntas a su consejero y filósofo Burbudem quien lo instruye a través de fábulas e historias moralizantes. Los protagonistas suelen ser animales como un buey, un león o los zorros Calila y Dimna quienes van narrando las historias, a menudo unas dentro de otras, como un juego de muñecas rusas o la narración protagonizada por Seherezade.



Lo importante del libro y que ha hecho que éste no se convierta en un legado arqueológico literario es que se hace intemporal al recoger una gran gama de las emociones y sentimientos de la naturaleza humana, los deseos, el brillo deslumbrante del poder, la cobardía o valentía frente al amor, la venganza, la injusticia, las envidias y ambiciones. Nuevamente son los animales, como si de un Disney, un Andersen o incluso un Kafka de otra época se tratara, quienes vienen a poner su voz humanizada a nuestra disposición.
El texto recoge una de las fábulas protagonizada por un garza, un cangrejo y unas truchas, víctimas de la primera.


También inspirado en la naturaleza, Franz Peter Schubert compuso su lied Die Forelle (La trucha) en 1817 a partir de un texto del poeta y músico Franz von Christian Friedich Schubart. El texto original utilizaba la última estrofa como moraleja para que las mujeres se protegieran de los hombres. Schubert modificó el final de forma que pudiera ser cantado por cantantes masculinos y femeninos, llegando a realizar hasta seis versiones con pequeñas modificaciones.



Para un compositor tímido y con poca música editada e interpretada en público, tuvo que ser importante que el periódico Abdnzeitung de Dresde publicara
"El joven compositor Schubert ha musicado varias canciones de los mejores poetas (sobre todo de Goethe), lo cual es testimonio de profundos estudios con un genio admirable y que atrae la mirada de los entendidos del mundo musical. Sabe cómo pintar el sonido. Las canciones Die Forelle (La trucha), Gretche am spinnrade (Margarita en la rueca) y Der Kampf (La lucha) superan cuanto se puede encontrar en el ámbito de la canción. Aún no han sido publicadas pero pasan de mano en mano las copias manuscritas".



La interpretación corre a cargo de quien, casi con toda seguridad, ha sido la voz que mejor ha cantado a Schubert a lo largo del siglo XX, Dietrich Fischer-Dieskau. Se trata de una grabación en disco de 1965 acompañado al piano por Gerald Moore, en el que el barítono alemán despliega con intención toda su capacidad interpretativa llena de matices.


En uno de los viajes que realizó a Steyr, un mecenas y chelista aficionado, Sylvester Paumgarner, a quien le había encantado el lied, propuso al compositor que incluyera la melodía en una obra de cámara. Schubert compuso el Q
uinteto en La Mayor D 667, conocido como Die Forelle, para una formación poco habitual de violín, viola, violonchelo, contrabajo y piano, una obra que se interpretó en pequeños círculos, pero que no fue publicada hasta después de su muerte. En el cuarto movimiento introdujo una serie de variaciones sobre la parte vocal en las que los instrumentos interactúan entre ellos en un delicioso diálogo. 
El enlace recoge una grabación de las variaciones sobre el tema Die Forelle correspondientes al cuarto movimiento que se realizó en marzo de 2013 en el King's Place a cargo del Schubert Ensemble en la celebración de su 30 aniversario.


Hubo una ocasión especial en que cinco grandes solistas, poco conocidos en aquella época, se reunieron para tocar este quinteto. En el verano de 1969 se celebró un concierto en el Queen Elizabeth Hall de Londres en el que participaron Daniel Baremboim (piano), su esposa Jacqueline du Pré (chelo) -pocos años antes de la esclerosis que la hizo retirarse y fallecer prematuramente-, Itzhak Perlman (violín), Pinchas Zukerman (viola) y el director de orquesta Zubin Mehta que en esta ocasión se hizo cargo del contrabajo. 
De esta ocasión se guarda una película que recoge la semana de preparativos y ensayos, una semblanza de los protagonistas y el desarrollo del concierto el 30 de agosto de ese mismo año a cargo de estos intérpretes hoy día consagrados. Se trata de un documento histórico emitido en varias ocasiones en televisión y que cada vez que se ha programado ha alcanzado grandes audiencias. La última vez que se emitió en el canal Arte, veinticinco años después de su grabación, logró la mayor audiencia del año. 


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28 jul. 2017

Libros, música y... ¡un buen café!

Leer y escuchar música requieren de nosotros cierto alejamiento del exterior, un lugar tranquilo donde centrar nuestro pensamiento, soledad e incluso compañía en determinados momentos. El café de una de las sustancias que ayudan a mejorar ese recogimiento que buscamos. Tenerlo cerca y darle un sorbo lenta y sosegadamente facilita que los efectos de la lectura o la música se acrecienten en nuestro interior.
Sin libros ni música, el café facilita una conversación pausada y tranquila con nuestros amigos, siendo uno de los mejores vehículos para determinados momentos del día, ya sea en el desayuno, tras el almuerzo o por la tarde.
Introducido en Europa a lo largo del siglo XVII, su difusión encontró reticencias por parte de la sociedad. En Alemania las Kaffeehaus (Casas de café) fueron rivales de la cerveza autóctona y un lugar frecuentado sólo por hombres, lo que hizo que surgieran los Kaffeekränzschen, clubes exclusivos para las mujeres donde disfrutaban con tranquilidad de la nueva infusión.
Es tan arraigada la costumbre de tomar café que, quienes dejan de tomarlo por razones de salud, han de conformarse y continuar esa costumbre con otros productos.
Te propongo un paseo literario y musical alrededor de uno de los productos más característicos de nuestra cultura, el café. Un acompañante en nuestras vidas, aunque cuestionado desde que se introdujo en la dieta occidental. Nos acompañan textos de distintos autores, la mayoría grandes y buenos consumidores de café como Cortázar, García Márquez o Balzac y una deliciosa música de Bach. Todo para disfrutar sorbo a sorbo de su particular sabor.




En El mercader de café, David Liss presenta un retablo del Amsterdam del siglo XVII, su actividad comercial y bursátil de la mano de Miguel Lienzo, un judío arruinado por la caída del mercado del azúcar y que decide asociarse con Geertruid una osada comerciante que le propone la inWtroducción de una sustancia nueva y sorprendente en la sociedad holandesa: el café.
Liss describe el ambiente de las calles, puerto y sociedad de Amsterdam, los entresijos del comercio y la bolsa de la ciudad, a la vez que crea una trama entre los personajes y desglosa las características y bondades que lograron que el café pudiera asentarse en la sociedad. 
En el texto, Geertruid inicia a Miguel en la afición por el café y la mítica historia de su descubrimiento.


Grande ha sido y es la afición por el café en la cultura europea, llegando a asociarse su consumo con escritores y artistas. Uno de los literatos que más fama y afición tuvieron con el café fue Honoré de Balzac. Según cuentan, dormía por la tarde y se levantaba a la una de la madrugada para escribir mientras tomaba un café tras otro hasta después del medio día, llegando a consumir unas cincuenta tazas de café al día. En Tratado de los excitantes modernos realiza un recorrido por distintas sustancias que se introdujeron en la sociedad de su época y cuyo consumo podría llegar a producir desórdenes en el organismo e incluso provocar la decadencia física y la muerte. Las sustancias tratadas en su ensayo eran el alcohol, el azúcar, el té, el café y el tabaco.


Su afición por el café hace que su obra esté plagada de referencias al mismo, como en este texto de Eugenia Grandet






No sólo por Europa se extendió el consumo del café. Actualmente son los países sudamericanos los mayores productores del mundo. Gabriel García Márquez, otro gran aficionado, deja patente en su obra que el café es omnipresente en la cultura colombiana. Muy conocida es la referencia en Cien años de soledad a la parte en que en Macondo se pierde la memoria e idean como remedio temporal anotar papeles con el nombre de objetos, animales y utilidades.



No sólo nos ofrece referencias al uso y disfrute de la arraigada costumbre de tomar café, sino a los efectos colaterales y sucedáneos que el deterioro de la salud obliga a tomar, como en este texto de El coronel no tiene quien le escriba.

La cultura árabe, probablemente la primera que conociera el uso del café, también lo tiene presente en su obra. El premio Nobel de literatura egipcio Naguib Mahfuz en El callejón de los milagros, esa novela que transcurre en las callejuelas de El Cairo nos ofrece otro sorbo del líquido negro.







Nuestro último sorbo literario viene de otro sudamericano aficionado al café, posiblemente por su paso por París. Julio Cortázar llena libros como Rayuela con un sinnúmero de momentos dedicados a los cafés y al café. Los primeros, los locales por los que los autores y personajes de sus novelas transitan, viven, trasnochan, se encuentran y desencuentran. El segundo, la afición al café, el ritual de su preparación, la costumbre de tomarlo en compañía, la rivalidad entre el café y el mate como buen argentino, una rivalidad que para él no tiene duda, siempre a favor del café. 





Conocemos a Johann Sebastian Bach por su música religiosa, sus cantatas, las Pasiones según los distintos evangelistas, su música para órgano, las variaciones Goldberg y el hecho de ser uno de los compositores que más ha hecho crecer y desarrollar la música desde el barroco, siendo uno de los autores que más han influido en músicos posteriores. Autor prolífico, es uno de los compositores de los que más obras se conservan, tenía la obligación de componer piezas para los oficios religiosos de cada domingo, conservándose catalogadas más de 1100.
Pasó gran parte de su vida como maestro de capilla de la Thomaskirche (Iglesia de Santo Tomás) en Leipzig donde, además, fue director musical de otras varias iglesias de la ciudad.
La espiritualidad de Bach hizo que creara algunas de las mejores y más profundas obras religiosas y que su figura quede en la historia de la música como el compositor más importante del período barroco.
Pero la obra que nos acompaña en esta ocasión no es religiosa, sino que se trata de una cantata profana, un tipo de obra poco habitual en él, la Kaffekantate o Cantata del café.
A finales del siglo XVII se introdujo en Europa una nueva sustancia, el café. Sus granos tostados, molidos y filtrados se pusieron de moda y comenzaron a surgir en todas las ciudades las llamadas "Casas de café" que propiciaron la división entre los que veían una nueva moda nociva y los que se aficionaron a su consumo. 
En uno de estos lugares, la Zimmermann Kaffeehaus (Cafetería Zimmermann), junto a la Plaza del Mercado, Bach dirigía cada noche de viernes a los estudiantes del Collegium Musicum de Leipzig, salvo en verano que era la tarde de los miércoles, en el patio. Ni los músicos cobraban ni la audiencia pagaba, la venta de café era la recaudación que se recogía en cada concierto. En este ambiente, en colaboración con su libretista habitual, Christian Friedrich Henrici, un especialista en derecho de día, poeta de noche, más conocido como Picander, Bach compone esta deliciosa cantata por encargo de Gotfried Zimmermann, dueño del local.
La Kaffeekantate (Cantata del café) narra la divertida y frívola historia de Lieschen (soprano), una muchacha aficionada al café y su padre Schlendrian (barítono) que le prohíbe tomarlo bajo amenazas de no comprarle ropa o no dejarla salir a la calle. Bach y Picander dibujan un escenario formado por un narrador (tenor) que presenta el tema e interviene en ocasiones para dar agilidad a la obra junto a los dos personajes de caracteres opuestos que cruzan sus argumentos y respuestas, dialogan y se recriminan. Ante el compromiso del padre de buscarle un esposo, Lieschen accede, aunque su astucia triunfa sobre su padre, haciendo saber que sólo se casará con quien la permita tomar café. Además de los tres cantantes, la partitura cuenta con flauta, cuerdas y continuo.



El primer enlace pertenece al aria de Lieschen Ei, wie schmecht der Kaffe süsse (¡Ah, qué agradable es el aroma del café!) con que nos describe su afición al café, una melodía y un texto que cantados de forma maliciosa intentan embaucar a su padre. 
La interpretación es de la soprano Robin Johannsen acompañada a la flauta por Marcello Gatti con la Academia Montis Regalis dirigida por Alessandro de Marchi grabada en Insbruck en 2010.



Si tienes un rato para tomar un café, puedes acompañarlo con la interpretación de la cantata completa, de menos de media hora subtitulada al castellano.

Grabada en el Stadscafe de Waag Doesburg en Holanda, está interpretada por Anne Grimm como Lieschen, Klaus Mertens, su padre Schledrian, Lothar Odinius como el narrador, con el acompañamiento de la Amsterdam Baroque Orchestra dirigida por el gran especialista en Bach que es Ton Koopman, el señor con barba blanca que toca el continuo en su teclado y recoge perfectamente el estilo que buscaba el compositor.



Aunque es amena y fácil de oír, hay varios momentos a destacar con los que podrás disfrutar aún más este café tan especial: 
-El aria con que comienza el padre Hat man nicht mit seinen Kindern Hunderttausend Hudelei (¿No son los hijos causa de cien mil preocupaciones?) una pieza repetitiva pero de una melodía pegadiza y simpática.
-El aria de Lieschen que hemos oído antes Ei, wie schmecht der Kaffe süsse (¡Ah, qué agradable es el aroma del café!) con el acompañamiento de la flauta.
-Un segundo aria de Lieschen, Heute noch, heute noch, Lieber Vater, tut es doch! (¿Hoy mismo, hoy mismo, querido padre!), también con una melodía alegre y pegadiza.
-El trío final Die Katze lässt das Mausen nicht (No prohíbas al gato cazar ratones), una conclusión que, según parece añadió más tarde Bach.




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21 jul. 2017

Palabra de gato

Los seres humanos hemos cambiado las relaciones con el resto de seres vivos de nuestro planeta. Desde que aparecimos hemos ido conquistando todo el territorio llevando, de forma inconsciente en un primer momento y cada vez más conscientemente, a la desaparición de especies animales y vegetales del planeta, alterando los ecosistemas y produciendo cambios cuyas consecuencias no podemos calcular; dejando que los intereses comerciales y nacionales marquen estos cambios, muy por delante de los consejos científicos y los consensos internacionales que favorezcan un desarrollo global que permitan un progreso equilibrado en nuestra casa común, la Tierra. 
Nos encontramos en el inicio de una nueva era, El Antropoceno, la era geológica que sucede al Holoceno dentro del periodo Cuaternario, el momento en que la humanidad cambió el ciclo vital del planeta, sacándolo de su variabilidad natural.
En Homo Deus, Breve historia del mañana, Yuval Noah Harari se plantea una serie de preguntas sobre nuestra relación con los animales: ¿Qué diferencia a los humanos de todos los demás animales? ¿Cómo conquistó el mundo nuestra especie? ¿Es el homo sapiens una forma de vida superior o sólo el bravucón local?
En nuestra relación con los animales, ¿hay más leones, osos, elefantes o lobos, por ejemplo, que otros más adaptados a nuestra vida? En la actualidad es mucho mayor el número de animales domésticos que el de salvajes que existen en nuestro planeta. Una nueva relación social y afectiva se está arraigando entre nosotros.
Pero las primeras relaciones literarias sobre los animales son las fábulas, esas narraciones o poemas en que los animales tomaban formas y caracteres humanos con fines morales y ejemplarizantes. ¿Quién no recuerda o ha oído hablar de las de Esopo, IriarteSamaniego o La Fontaine? A éstas siguieron las películas animadas con protagonistas animales que seguían comportándose como humanos, fruto de las factorías del pionero Disney y posteriores seguidores.
Te propongo una reflexión, bastante humanizada por cierto, sobre las voces de los animales y los gatos concretamente a partir de autores como E. T. A. Hoffmann y Rossini, aunque, como podrás observar, hay alguna sorpresa y no todo es como parece en un primer momento.



Si hay un autor que refleje su vida tanto en su obra como en sus personajes en su doble faceta de funcionario y escritor, de burócrata judicial y músico, ese es el escritor de quien tomo el texto en esta entrada. Nacido con los nombres de Ernest Theodor Willheim, cambió este último por Amadeus como homenaje a su admirado Mozart y firmó toda su obra como E. T. A. Hoffmann.
Natural de Königsberg, en la Prusia oriental, actual Rusia, vivió poco menos de medio siglo entre el final del XVIII y comienzos del XIX. Por indicación familiar estudió derecho y se hizo funcionario de la administración de justicia, trabajo que alternó con su verdadera pasión: la literatura, la pintura, la composición musical y cualquiera de las artes como el teatro, la dirección de orquesta, la crítica literaria y musical, la caricatura o la arquitectura. Alternó los días con la labor de funcionario y las noches con la pasión por estas artes, llegando a vivir en determinados momentos de estas últimas y en otras llegó a encontrarse en el límite de la indigencia.
Lo fantástico aparece en la obra y los personajes de E. T. A. Hoffmann, no como surgido de los sueños de la noche, sino como algo que está presente en la realidad de cada día formando parte de ella, como una puerta abierta a todas las posibilidades, incluidas las más insospechadas, como reflejo de las pasiones más ocultas y fuertes del ser humano, como sufrimiento de cualquier tipo. Esta dualidad de sus personajes la vive él mismo como magistrado de justicia y como poeta-músico-escritor-dibujante; como inspirador de otros artistas y como funcionario de la burguesía restauradora, lo que los románticos como él llamaban un mundo de "filisteos".
Prolífico y polifacético autor, es más conocido por sus cuentos desbordantes de imaginación como su colección de relatos Piezas fantásticas, su novela Los elixires del diablo o la novela Opiniones del gato Murr.
De su obra literaria se han realizado multitud de adaptaciones para el género musical. Jacques Offenbach compuso Los cuentos de Hoffmann a partir de varios relatos suyos, Leo Delibes, su ballet Coppelia basándose en El hombre de arena, Tchaikovsky su famoso ballet según El Cascanueces o el príncipe de los ratones. Incluso Robert Schumann compuso Kreisleriana, una obra basada en el personaje del que trataré a continuación. En el siguiente enlace puedes profundizar en la obra y la influencia de E. T. A. Hoffmann en todas sus facetas en el blog Cuaderno de notas




Uno de los libros más peculiares de cuantos escribió es el que se conoce como Opiniones del gato Murr, aunque su título original es Puntos de vista y consideraciones del Gato Murr sobre la vida en sus diversos aspectos y biografía fragmentaria del maestro de capilla Johannes Kreisler en hojas de borrador casualmente incluidas. Desde su publicación en 1819 el libro confundió a los lectores y la crítica y no fue hasta bien entrado el siglo XX cuando comenzó a ser reconocido por las vanguardias. 
El libro es una doble biografía fragmentaria de sus dos protagonistas. Por una parte escribe el gato Murr, un animal burgués, algo pedante, que se sabe artista y espera reconocimiento por parte de sus lectores, que ha aprendido a leer y escribir y que nos cuenta su vida, con bastantes rasgos humorísticos de una forma lineal, desde su nacimiento hasta su accidental muerte. El rasgo de originalidad estriba en que Murr, al enviar su autobiografía a la imprenta por mediación de su amo, ha utilizado como papel secante hojas de otro libro, el editor no ha caído en la cuenta y lo publicado es una mezcla desordenada de ambos. 
Este otro libro es una biografía del músico Kreisler, prototipo del artista romántico atormentado que da su vida por su arte. Lo que nos encontramos al leer el libro es que leyendo las aventuras de Murr, repentina y abruptamente nos encontramos con un relato de la vida de Kreisler que, evidentemente, no tiene nada que ver con lo que leíamos. Estas interrupciones se suceden a lo largo del libro y los únicos nexos de unión que tienen son el maestro Abraham, amigo de Kreisler y dueño de Murr, además de vivir suspirando por el amor y acosado por la desgracia y los llamados filisteos.



Pero Opiniones del gato Murr es mucho más que esto. La vida de Hoffmann se refleja en la de Kreisler; se vierten críticas sobre las novelas de formación, muy en boga en la época; las ideas y los temas del polifacético e inclasificable Hoffmann también aparecen aquí: el amor, la música, la locura o la culpa. Leer esta novela para un lector de los siglos XX o XXI no es complicado con las idas y venidas de los textos, pero para uno del XIX hubo de ser extraño y caprichoso.

En el primero de los fragmentos seleccionados Murr nos narra cómo aprendió a leer, con cierta dosis de sorna hacia nosotros los humanos.

En el segundo extracto Murr nos cuenta cómo hubo de ingeniárselas para aprender a escribir, qué dificultades tuvo que sortear y cómo logró vencerlas.


Albinoni no compuso el Adagio de Albinoni. Muestras como esta hay muchas en el mundo de la música: obras atribuidas a autores que no lo son, composiciones que se basan en el estilo de autores anteriores y que se han hecho pasar por obras de ellos sin serlas. 
Algo parecido ocurre con la música que nos acompaña. El Duetto buffo di due gatti, conocido entre nosotros por el Dúo cómico de los dos gatos o simplemente el Dúo de los gatos se atribuye de forma generalizada al gran Gioaccino Rossini. Por un lado entra dentro de su estilo humorístico y jocoso, un amor amante de lo buffo; de otra parte, encaja en la idea de querer ofrecer una obra en que las grandes divas, las sopranos, no tuvieran letra que memorizar y aprenderse, fueran centro y protagonistas del dúo y que fuera brillante, como solían serlo sus piezas. Visto así, todo encaja para poder atribuir, como de hecho se hace de forma generalizada, el humorístico dúo a Rossini.
Pero hay otra versión de esta obra, de la que sólo he podido encontrar una fuente con distintas adaptaciones a partir de esta, que atribuye el Dúo a otro autor. 
En 1825 Robert Lucas de Pearsall, un compositor británico especializado en la creación de himnos, publica bajo el seudónimo de G. Berthold una obra en la que se utilizan fragmentos de un aria y un dúo del Otello de Rossini y la Katter-Kavatina del danés C. E. F. Weyse. Fue en un facsímil de la edición de 1825 que publicó la editorial Schott en 1973 donde aparece este duetto con la referencia a G. Berthold como su creador.
Este delicioso Dúo de los gatos sólo utiliza la palabra ¡Miau!, en una particular conversación-duelo entre dos gatos. Originalmente compuesta para piano y dos voces femeninas, generalmente dos sopranos o soprano y mezzosoprano, hay versiones para distintos tipos de voces y arreglos orquestales que han hecho que esta pieza sea un brillante bis con el que finalizar recitales y conciertos.



La primera versión que enlazo, la más clásica para voces femeninas está interpretada por la gran Kiri Te Kanawa acompañada de Norma Burrows grabada en 1982 para el programa de la BBC "Call me Kiri".



Para poder apreciar mejor este Dúo de Rossini-Berthold me parece oportuna un nueva mirada a Opiniones del gato Murr que, en sus primeras páginas se refiere a la cantidad de matices que se pueden apreciar con el uso de la sola palabra ¡miau!.

En la segunda versión cambiamos de voces y acompañamiento. El barítono Paolo Bordogna y el contratenor Robert Expert en versión orquestal grabada en mayo de 2010 acentúan el estilo buffo del dúo y consiguiendo en un bis sobreinterpretado la entrega del público.


Para finalizar, una versión de voces blancas de dos niños de Les Petits Chanteurs a la Croix de Bois (algo así como Los pequeños cantores de la cruz de madera). Pese a la seriedad y concentración de los niños junto con la voz de uno de ellos (el de pelo moreno) y la complicidad del público dan una nota de alegría de lo que esta pieza representa: un dúo cómico brillante, desenfadado y divertido.




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