13 oct. 2017

Viaje de otoño: Salzburgo, ciudad de la música

El otoño marca un cambio en nuestros ritmos y rutinas. El verano nos saca de nuestras casas para acercarnos a la playa, los viajes más o menos exóticos, las agradables noches al aire libre. El otoño nos acerca poco a poco (a veces aún más lentamente, como si el tiempo atmosférico se negara) al invierno y, con él, al interior de nuestras casas, las largas noches, las rutinas laborales y una nueva oportunidad de disfrutar con las lecturas, las músicas o las películas que buscamos, aunque en ocasiones, son ellas las que, de muy distintas formas, nos buscan a nosotros.
También es un momento para recordar, regurgitar en nuestros recuerdos, asentar definitivamente, re-vivir nuestros viajes, imaginarlos de nuevo o fijar cada recuerdo en el rincón de nuestra mente que le corresponde. Hay incluso lugares en los que nunca hemos estado y que son, gracias a experiencias culturales o emocionales, parte de nosotros y a los que sentimos que hemos viajado y que, de alguna manera, pertenecemos a ellos.

En esta propuesta de Viaje de otoño te invito a realizar un paseo entre libros y músicas por Salzburgo, una de esas ciudades fascinantes y relacionadas con el arte sonoro acompañados por textos de Stefan Zweig y la presencia de dos ilustres salzburgueses, Mozart y Karajan.





La importancia capital de Salzburgo proviene de la música y, de forma determinante, por ser el lugar de nacimiento de uno de los más grandes músicos de todos los tiempos. Joannes Christostomos Wlofgang Gottlieb Mozart nació en enero de 1756, séptimo y último hijo de Leopold y Anna Maria Pertl, aunque a su nacimiento sólo sobrevivía una hermana cuatro años mayor conocida como Nannerl.
Wolfgang Amadeus (la traducción al latín del Gottlieb alemán que él mismo utilizaba) Mozart vivió, lo sabemos, con la suerte y el estigma de ser un niño prodigio. 
Leopold, violinista y ayudante del director de la orquesta del príncipe-arzobispo de Salzburgo anotó con orgullo en su diario: "Wolfgang aprendió en media hora este minuetto y trío un día antes de su quinto cumpleaños, a las nueve y media de la tarde del 26 de enero de 1761".
Su asombrosa facilidad para interpretar con muy pocos años instrumentos como el clavicémbalo o el violín le llevó, en primer lugar a la corte vienesa donde dio conciertos para el emperador y su familia. Más tarde, su padre Leopold se embarcó en largas y extenuantes giras por las cortes y lugares más favorables a la música de toda Europa, en los que se codeó con todos sus gobernantes y dignatarios, para sacar provecho del talento interpretativo de sus hijos: Munich, París, Londres, Países Bajos o Milán, entre otros lugares.. 
El siguiente paso, componer, lo dio el joven pocos meses después al escribir dos piezas para clave que su padre añadió al cuaderno de piezas que su hijo interpretaba.
Además de Mozart otro músico muy influyente del siglo XX nació en la ciudad austriaca, Herbert von Karajan, uno de los directores más carismáticos e influyentes de los años centrales del pasado siglo. 

           
Monumento en la casa natal de Karajan


Karajan comenzó a dirigir en la ciudad de Ulm pasando más adelante por la dirección de muchas de las más prestigiosas orquestas filarmónicas del mundo como las de Viena, la del Teatro Alla Scalla de Milán hasta finalizar trabajando e influyendo en todo el mundo musical desde su puesto en la Orquesta Filarmónica de Berlín. En todo el tiempo que pudo colaboró de forma activa en el Festival de Salzburgo, con mayor intensidad en las décadas de los años 50 y 60. Su influencia en la industria musical fue tal, que el apoyo que dio a la tecnología del disco compacto hizo que éste se asentara en nuestra cultura y que, según se cuenta, la duración máxima de cada disco la impuso al insistir que la 9ª sinfonía de Beethoven debía caber en un sólo disco.
De una de sus colaboraciones en el Festival de Salzburgo es el enlace en el que Karajan dirige con la concentración, los ojos entornados y esos movimientos enérgicos tan característicos suyos a la Wiener Philharmoniker en la Obertura y comienzo del Don Giovanni de Mozart. Se trata de una representación de 1987, un par de años antes de su fallecimiento,  con Ferruccio Furlanetto como Leporello, Samuel Ramey como Don Giovanni y Anna Tomowa-Sintow como Donna Anna.



El vídeo comienza con la obertura que, como era habitual en la época, se basa en los temas musicales que aparecerán más tarde, sobre todo en la penúltima escena de la obra protagonizada por la estatua del comendador. A destacar los sonidos que imitan la despreciativa risa con que Don Giovanni trata a cualquiera de los personajes. 
La primera escena es bastante compleja, tanto dramática como musicalmente. Don Giovanni se ha introducido en los aposentos de Doña Ana, mientras su criado Leporello monta guardia maldiciendo su destino de sirviente. Un grito indica que ésta opone resistencia al seductor. Acude su padre el comendador y, tras una breve lucha, don Giovanni lo mata.
Para cada uno de estos cuatro momentos Mozart traza una caracterización musical: El aria de Leporello muestra la rabia contra su suerte y el sueño de llegar a ser un señor. Doña Ana es retratada, en pocas notas, con un carácter altivo. Don Giovanni aparece junto a ésta como asustado por la resistencia que ofrece, mientras tras la muerte del comendador se compadece de su adversario, llegando a ser altivo y duro en las respuestas a su criado.






La personalidad y la obra de Stefan Zweig no tiene en nuestros días el reconocimiento que merece por la importancia de sus escritos y la búsqueda constante de una Europa unida más allá de las nacionalidades, sus advertencias casi proféticas sobre los peligros bélicos que amenazaban al continente y la existencia de una cultura paneuropea como el gran factor aglutinante del continente.
Autor teatral, conferenciante, divulgador de la cultura europea a través de biografías, relatos y novelas, Zweig nació en Viena en 1881 en una acomodada familia de origen judío. Estudió Filosofía y se exilió en Zurich durante la Gran Guerra por sus fuertes convicciones antibelicistas, donde escribió su obra teatral Jeremías, una pieza de inspiración bíblica que atacaba el militarismo imperante.
Amigo de un gran número de intelectuales relacionados con todas las ramas culturales, hubo de exiliarse en diversos momentos de su vida, viendo cómo se destruía en varias ocasiones la civilización que se había formado en Europa. En los años 20 y 30 del siglo pasado se instaló en Salzburgo en los momentos en que esta ciudad en plenos Alpes pasó de ser una pequeña y provinciana ciudad, aún derruida por la I Guerra Mundial, a convertirse en uno de los focos culturales más importantes de toda Europa.
Entre sus obras podemos destacar además de la citada Jeremías, Cartas de una desconocida, Momentos estelares de la humanidad, El mundo de ayer y las biografías de Erasmo de Rotterdam, Magallanes, María Antonietta, Americo Vespuccio, Paul Verlaine, Balzac, Dickens o Dostoievsky entre otros muchos.
Su obra El mundo de ayer. Memorias de un europeo está formada por una serie de retazos autobiográficos en el que va desgranando sus miradas y recuerdos por los lugares y momentos por los que transcurrió su vida desde su Viena natal, la elegida Salzburgo y los exilios en Zurich, Londres, Estados Unidos y el Brasil en el que terminó con su vida.



De esta obra, selecciono y comparto la visión que nos ofrece de Salzburgo en el periodo de entreguerras, con el naciente surgimiento de la ciudad en los comienzos del festival musical que le ha dado nombre en todo el mundo. Un esplendor al que la llegada de la II Guerra Mundial puso fin y que hubo de esperar años para llegar a volver a recuperar la imagen que tiene en la actualidad.


Inmediatamente después, Zweig relata cómo afectó a su propia casa y a su vida el encuentro con tantos personajes que aparecieron por allí para disfrutar de los acontecimientos que se celebraban en Salzburgo. La frase final, escrita en pasado imperfecto, adquiere un tono desgarrador por oposición a la realidad conocida por el autor.


El Salszburger Fetspiele (Festival de Salzburgo) no ha dejado de crecer y aumentar su importancia desde que regresó tras la II Guerra Mundial, afianzándose con la presencia consagrada de personalidades del mundo de la música como el propio Karajan, Claudio Abbado, Riccardo Muti, James Levine o Georg Solti.
Desde 1992 se produce una transición hasta la actualidad con la participación de los grandes intérpretes, escenógrafos y directores que han logrado que la ciudad de Salzburgo esté en la vanguardia de las producciones musicales a nivel mundial. Producciones como La Traviata de 2005 con Anna Netrebko y Rolando Villazón, que ha aparecido en este blog en varias ocasiones, La flauta mágica de 2006 o la producción de Aida del verano de 2017 con la nueva presencia estelar de Anna Netrebko y Riccardo Mutti en el foso han dado la vuelta al mundo en montajes que se han repetido por todos los grandes escenarios.
Para terminar de unir los nombres de Salzburgo y Mozart, te propongo oír una de las arias más conocidas del compositor austriaco perteneciente a su ópera Die Zauberflötte.


El aria Der Holle Rache Kocht (La venganza del infierno) está interpretada por la soprano alemana Diana Damrau en el Festival de Salzburgo de 2006 con la dirección de Riccardo Mutti.


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