3 nov. 2017

Cómo acabar de una vez por todas con la cultura

¿El humor es cultura? ¿Puede ser culto el humor?
La representación que tenemos de la vida, las grandes cuestiones que nos planteamos como personas o grupos forman nuestra cultura. Esta se ve influida por las distintas artes que, con sus métodos, estilos y técnicas ayudan a representar esa visión del universo y de la civilización que nos hemos creado entre todos.
El sarcasmo, la ironía, la crítica, la parodia, la destrucción de los convencionalismos o el absurdo son utilizados por el humor para cuestionar, subvertir el orden o hacernos reflexionar sobre el concepto que tenemos de aspectos tan variados como la cultura, la política o nuestra filosofía de la vida. El humor que se basa en estos conceptos -no el soez, el escatológico o el basado en la búsqueda de defectos- nos hace replantearnos el mundo desde una perspectiva a veces ilógica e irracional desmitificando y obligando a replantearnos los conceptos que tenemos.
Te propongo un recorrido desde y por el humor para acercarnos a dos de los estilos más personales de nuestra época, con la compañía de uno de los cineastas más prolífico de la historia del séptimo arte como es Woody Allen y con el grupo argentino Les Luthiers. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Hablar de la obra de Allan Stewart Königsbert, su obra cinematográfica, los libros o su afición a la música de jazz, especialmente del clarinete que suele interpretar semanalmente con The New Orleans Jazz Band nos dice poco. Pero si cambiamos el nombre de pila por el de Woody Allen, nos encontramos con una de las personalidades más reconocidas del mundo del cine de finales del siglo XX y comienzos del XXI, a pesar de un turbio asunto que ha empañado su trayectoria profesional y personal.
Para los seguidores de Allen, una trayectoria de más de cuarenta años con una película en cada uno de ellos de la que suele ser guionista, director e incluso protagonista, es un lujo. Comenzó a los quince años vendiendo chistes a distintos columnistas, humoristas y periódicos, en una carrera que aún continúa y que le llevó a recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002.



Enmarcado dentro de un estilo muy personal, con un sentido del humor muy característico, su carrera se ha mostrado muy irregular, alternando brillantes producciones con otras que han pasado inadvertidas para el gran público.
La primera película enteramente suya fue Toma el dinero y corre en la que comenzó a mostrar su original estilo en una insólita mezcla entre drama, comedia y documental. Ganador de cuatro premios Oscar, películas como Annie Hall o Manhattan le valieron el reconocimiento de la crítica y el público, aunque su sentido del humor y de la narración cinematográfica siempre ha sido mejor apreciado en Europa, como algunos de sus directores cinematográficos más apreciados, que en Estados Unidos, donde la industria cinematográfica gusta más del estilo de las producciones que de lo personal que puedan ser estas. 
En La Rosa Púrpura del Cairo introdujo ese elemento mágico que tiene el cine que hace que nos guste y, por momentos, nos aislemos de los problemas de nuestra vida y podamos sumergirnos en unas historias que nos son ajenas. Este elemento lo ha explotado como un importante recurso dramático en películas posteriores como Medianoche en París. Entre las películas de las últimas década destacan Match Point y Vicky Cristina Barcelona, rodadas en Londres la primera y la última en España.
Entre sus producciones más originales se encuentra Zelig, una película contada en forma de documental en blanco y negro (una de sus luchas ha consistido en reivindicar el uso de este formato lumínico), que con su disparatado humor, narra la historia de Leonard Zelig, un exagerado caso de inseguridad que, en su búsqueda de ser aceptado, le lleva a camuflarse inconsciente y prodigiosamente entre quienes se encuentra para pasar desapercibido. Entre judíos le crecen barbas y tirabuzones; entre negros, su piel se oscurece. La película-documental pasa por escenarios tan distintos como la Alemania nazi, la casa de Randolph Hearst (el magnate de la prensa que retrata Orson Welles en Ciudadano Kane) o la América de la Gran Depresión. Además de la originalidad de su estilo narrativo, el aspecto envejecido de la cinta se logró a base de pisotear y ensuciar las cintas originales.
Pero esta irregular carrera de Allen está acompañada de la publicación de algunos libros, la mayoría en forma de guiones cinematográficos. En Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, publicado en 1971, se recoge una recopilación de relatos publicados en The New Yorker en su mayor parte y publicado en Estados Unidos con el título Gettin Even. Suponen una edición en tono irónico con la que Woody Allen toma elementos de la cultura occidental y la historia recientes para llevarlos a ese absurdo en el que desenvuelve como pez en el agua, con la intención de llevar a quien lo lea a replantearse la percepción que tiene de las situaciones y los personajes.
En Cómo acabar de una vez por todas con la cultura aparecen los temas que serán recurrentes en su obra: el psicoanálisis, la cultura judía, junto con ese sentido de la ironía y lo paradójico.
De este libro te traigo una selección de su capítulo Para acabar con las biografías en el que recrea, a su estilo, el invento del sándwich por el conde del mismo nombre.



Desde hace cincuenta años el grupo Les Luthiers pasea su humor inteligente por el mundo hispanohablante. Si ya es difícil permanecer varios años entre los grandes de cualquier especialidad artística, cincuenta años presentándose ante el público y llenando escenarios se antoja una cifra que indica la calidad de este grupo argentino.
Nacidos en un principio para participar con el Coro de la Facultad de Ingeniería en un certamen universitario en Argentina, comenzaron pronto a destacar por su agudo sentido del humor basado en un excelente dominio del idioma con juegos de palabras, dobles sentidos, una carga crítica hacia convencionalismos y tópicos, desplegado todo con una seriedad y elegancia que hace aún mayor el contraste. 
El nombre de Luthier hace referencia a los constructores de instrumentos musicales (también lutier, laudero o violero nombraban en italiano a los constructores de laúdes y después cualquier instrumento de cuerda) y otra de las características de este grupo es la de actuar con instrumentos de la más diversa índole y procedencia: desde latas de conserva convertidas en instrumentos de cuerda, hasta cucharas y sartenes como elementos de instrumentos de percusión, pasando por cuantos objetos puedan ellos imaginar que poseen la sonoridad adecuada a sus espectáculos: el bolarmonio, a base de balones, o la exorcítara, un arpa luminosa hecha para desalentar a los demonios mientras suena.



Recientemente han recibido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2017, en cuya ceremonia indicaron que el premio recibido lo han ganado "con la ayuda de la música, extraños instrumentos y la exuberancia y las ambigüedades del idioma castellano"
Creadores de un universo propio donde quienes entran permanecen en la mayoría de las ocasiones, un personaje ha alcanzado la universalidad gracias a ellos: Johann Sebastian Mastropiero. Este compositor aparece en un gran número de sus gags, siendo aceptado con la complicidad y complacencia del público como un personaje anacrónico del que nadie sabe cuándo nació, si ha muerto o no, en qué época ha vivido y que igual compone música barroca que renacentista, boleros o tangos. En este primer enlace se realiza una breve presentación del personaje y los títulos de algunas de sus obras antes de la interpretación de La princesa caprichosa.



En la citada ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias Marcos Mundstock afirmó, como representante del grupo, que el sentido del humor sirve para "contemplar las cosas de una manera distinta..., lúdica, pero sobre todo lúcida... a la cual no llegan otros mecanismos de la razón" y que este sentido del humor "se aprende y mejora con el tiempo. Nadie nace riendo"



El esquema de los gags de Les Luthiers suele ser similar: Una presentación del autor y la pieza seguida de la interpretación de la misma, todo con la seriedad y dignidad de las grandes salas de conciertos. En el siguiente enlace presentan uno de los madrigales de Johann Sebastian Mastropiero, La bella y graciosa moza...


El juego con el lenguaje, los equívocos en las citas, los dobles sentidos son algunas de las técnicas que utilizan Les Luthiers para crear su humor. En este último enlace, el inolvidable Daniel Rabinovich sustituye a Marcos Mundstock en su habitual labor de presentación de una de las obras de Mastropiero.


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